Jesús Guillén, licenciado en Ciencias Físicas por la Universidad de Barcelona, docente y autor del blog sobre Neuroeducación Escuela con cerebro, nos acompaña en la nueva edición de la diplomatura “Neurociencias y emociones en el aprendizaje” junto a Anna Forés Miravalles.

 

En la siguiente entrevista realizada por el diario español La Opinión en el marco del taller del Centro de Formación de Profesores e Innovación Educativa (CFIE), el docente nos invita a reflexionar sobre la Neuroeducación y a utilizar los últimos descubrimientos sobre el funcionamiento del cerebro al ser la clave de la nueva educación;

“se necesita de profesores motivados y entusiastas”.

 

Foto José Luis Fernández

Jesús Guillén | Experto en neuroeducación

-¿Cómo surge la neuroeducación?

-Se trata de un enfoque integrador y transdisciplinar, en el que confluyen los conocimientos suministrados básicamente por la neurociencia, debido al desarrollo de las tecnologías de visualización cerebral en los últimos años, pero también acompañada por la psicología o la pedagogía.

 

-¿Cuál es su objetivo?

-El de mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje basándonos en lo que vamos sabiendo sobre el funcionamiento del cerebro. Me gusta decir que la neuroeducación consiste en acercar la ciencia al aula, para que los profesores sepamos qué es lo que funciona, que ya de por sí es importante, pero también por qué funciona. Es decir, que podamos justificar lo que hacemos, que analicemos el impacto de nuestras prácticas sobre lo verdaderamente importante, que es el aprendizaje del alumnado. Y en el caso de que algo no funcione, por supuesto, ser flexibles y cambiarlo.

 

-¿En qué aspectos mejora el aprendizaje de los alumnos?

-El gran reto educativo es afrontar la diversidad en el aula, porque cada cerebro es único y singular. Los ritmos de aprendizaje en los niños son diferentes, aunque luego haya patrones de maduración similares. El tema es cómo atendemos esa diversidad, esas diferencias. Hay muchos factores que intervienen en el aprendizaje, pero lo que las investigaciones sugieren es que los factores emocionales son imprescindibles, tanto las expectativas del profesor hacia el alumno como las propias del estudiante sobre su capacidad. La buena relación de los compañeros en el aula o la retroalimentación en el aprendizaje son otros factores. También se habla de la importancia de la cooperación a todos los niveles, también de la cooperación eficaz entre el profesorado. Hablamos mucho de que los alumnos cooperen, pero se ha visto que una sinergia buena en el trabajo del profesorado tiene un impacto muy importante en el aprendizaje del alumnado.

Sin emoción no hay aprendizaje. Desde el nacimiento estamos programados para sorprendernos con lo novedoso y ser curiosos.

 

-¿Cómo incentivar esa cooperación entre profesores?

-Se requiere un proceso de formación en educación emocional, para todos, no solo para los niños y adolescentes, sino también para los profesores. No puedo enseñarle al niño que se controle si yo no sé controlarme en mi vida cotidiana. De hecho algunos neurocientíficos dicen que sin emoción no hay aprendizaje. Desde el nacimiento estamos programados para aprender, nos sorprende lo novedoso, lo curioso. Y a mayor grado de curiosidad suscitado, se ha visto que se activan regiones del cerebro que intervienen en el sistema de recompensa cerebral que vinculan regiones del sistema límbico emocional con otras de la corteza prefrontal, que es sede de lo más racional y se ha visto que es imprescindible activar este sistema de recompensa cerebral. O sea que para aprender tenemos que tener una motivación intrínseca. Incluso cuando se activan estas motivaciones del sistema de recompensa cerebral, el hipocampo, que es una región en la que intervienen la memoria y el aprendizaje, funciona mejor, así que recordamos mejor la información.

 

-¿Qué personas se interesan por este tipo de formación?

-Está destinada a toda persona que tenga interés en cuestiones educativas, pero mayoritariamente son profesores entusiastas que quieren saber más sobre cómo estas investigaciones sobre emoción, memoria y atención pueden utilizarlas para mejorar sus prácticas en el aula y cómo pueden plantear nuevos enfoques o metodologías relacionadas. Es decir, encontrar evidencias empíricas que muchas veces confirmen lo que han estado haciendo, porque la neurociencia no tiene que venir a demostrar que el método socrático, que tiene dos mil años, es un buen enfoque didáctico. La mayoría de las veces lo que hará será confirmar esas buenas prácticas, las que el buen profesor siempre ha utilizado y quizá no ha sabido justificar. Ahora tenemos el soporte empírico.

 

-¿Otro soporte podría ser su blog, Escuela con Cerebro?

-Precisamente nació con la idea de divulgar todas estas cuestiones de forma sencilla para todos los públicos, sobre todo buscando aplicaciones educativas, especialmente en el aula. Y siempre justificando todas estas cuestiones con referencias bibliográficas, porque no nos podemos quedar solo en el contexto teórico, así que ahí están las referencias, las investigaciones para profundizar en ello y no guiarnos por intuiciones.

 

El profesor es un instrumento didáctico súper potente y aun con los recursos digitales, lo seguirá siendo. Cuando es entusiasta, tiene ganas y sabe transmitir, se convierte en uno de los factores más importantes del proceso.

 

-¿La profesión del docente está dispuesta a evolucionar en este sentido?

-Hay de todo, pero tenemos tendencia a focalizarnos en los aspectos negativos. Hay muy buenos profesores, muy innovadores, con muchas ganas de mejorar y cambiar las prácticas educativas y quizá tendríamos que cambiar un poco el enfoque y centrarnos en estas buenas prácticas, amplificarlas, compartirlas y que nos podamos enriquecer todos. Por supuesto, los profesores que apuntan a un curso o que realizan un máster o postgrado son profesores motivados, entusiastas, que quieren mejorar y tienen ganas. Esa es la clave de la mejora educativa.

 

-¿Así que es el profesor quien tiene la clave para el desarrollo de la neuroeducación en el aula?

-El profesor es un instrumento didáctico súper potente y aun con los recursos digitales, lo seguirá siendo. Cuando es entusiasta, tiene ganas y sabe transmitir, se convierte en uno de los factores más importantes del proceso.

 

-¿Qué cambios se dan en la práctica en el aula?

-En el caso de la atención, que es un factor muy importante y que tiene una gran incidencia en el aprendizaje. Las investigaciones recientes en las ciencias cognitivas confirman que el nivel de atención es muy limitado y que además está identificando unas redes atencionales que activan regiones concretas del cerebro. Hay una atención de alerta, una atención de orientación y una atención ejecutiva y las investigaciones en neurociencia sugieren algunas formas de mejorar, por ejemplo, la atención ejecutiva, que permite al alumno seguir el hilo de la explicación del profesor o estar inmerso en la resolución de un problema inhibiendo estímulos irrelevantes, lo que es la atención básica para el estudio.

 

El juego, la educación física, la educación artística y la educación emocional son básicos para el desarrollo cerebral.

 

-¿Cómo se puede incrementar?

-Por ejemplo, a través de un entrenamiento puramente cognitivo, con programas informáticos en los que los niños trabajan a través de tareas de discriminación visual, se mejora este autocontrol. Pero también se puede mejorar la atención ejecutiva a través del ejercicio físico. Hacer deporte ya es importante y tradicionalmente se deja la clase de educación física a última hora, cuando se ha comprobado que los niños mejoran la atención y concentración para las tareas posteriores cuando hacen deporte, por lo que sería bueno incluirlo durante las primeras horas de la jornada escolar. Otra forma que también han visto que mejora la atención ejecutiva es el “mindfulness”, la atención plena, que es muy interesante sobre todo cuando se integran técnicas de relajación en los programas de educación emocional, que se ha visto que tienen una incidencia en la mejora de competencias emocionales pero también inciden en el rendimiento académico de los niños. Si el alumno es capaz de controlarse será un beneficio para su propio bienestar, para su éxito en la vida, pero también tendrá una incidencia directa en lo académico y servirá también para que sepa gestionar mejor el estrés ante situaciones que requieren una buena concentración y un buen estado.

 

-¿Qué factores serían los imprescindibles en la neurociencia?

-El juego, la educación física, la educación artística y la educación emocional son básicos para el desarrollo cerebral. Hay muchos enfoques que intentan atender la diversidad, pero también es importante ser flexibles. Si un enfoque cooperativo es bueno en una clase y no en otra, se cambia la estrategia. Una metodología en consonancia con la neuroeducación puede ser trabajar por proyectos, especialmente los que se conocen como proyectos aprendizaje servicio, donde los niños aprenden realizando un servicio a la comunidad. También existen proyectos asociados al aprendizaje invertido, donde los alumnos ven vídeos sobre los contenidos en casa, cada uno a su ritmo, y es en el aula donde desarrollan las actividades y proyectos, así se da la vuelta a lo tradicional, que es que el profesor dé la teoría y los estudiantes hagan los deberes en casa. También es muy interesante la gamificación, el integrar el componente lúdico en el aprendizaje. Es una forma de motivación muy potente el gamificar una unidad didáctica o incluso un curso y aquí los recursos digitales son de mucha ayuda. Se trata de crear una historia e integrar los contenidos en ella.

 

-¿Podría explicar algún ejemplo de esta modalidad?

-Uno de los proyectos pioneros estuvo basado en zombis. El profesor creó una historia a través de un apocalipsis zombi y los alumnos, para sobrevivir, debían conocer el territorio. Las tareas estaban asociadas a esa historia y así aprendieron geografía en ese curso. Esta modalidad tiene una gran incidencia en el aprendizaje y no solo para los niños pequeños, sino también para adolescentes e incluso universitarios. Es muy potente, porque en el juego confluyen dos factores básicos como son el reto asociado al juego y la retroalimentación suministrada durante al aprendizaje. En el laboratorio se ha comprobado que en los entornos gamificados los participantes, cuando juegan, activan estas regiones del sistema de recompensa cerebral, que les hacen estar motivados y seguir aprendiendo, además de focalizar la atención en el propio juego y no en otros factores.

 

-¿Qué es lo que más cuesta introducir a un profesor que se decante por este ámbito?

-Lo más sencillo es que el profesor llegue a clase explique y transmita información mientras que los alumnos están sentados en situación totalmente pasiva. En determinados momentos esto puede ser útil, pero utilizarlo de forma continuada no es una forma de atender la diversidad en el aula. Estamos explicando a todos los alumnos de la misma forma y las pruebas de evaluación que tradicionalmente se han considerado como pruebas de calificación son las mismas para todos. Esto es lo más sencillo, pero crear unos vídeos con los contenidos, gamificar una unidad didáctica, generar unos proyectos a nivel cooperativo o vincular el aprendizaje a situaciones reales, requiere más tiempo, aunque está claro que esto tendrá una mayor incidencia sobre el aprendizaje. En el caso del profesor motivado y entusiasta no habrá ningún problema, él es la clave de la mejora educativa. Al que esté acostumbrado a hacer siempre lo mismo le costará un poco más y habrá ciertas reticencias en estos maestros.

 

-¿Este tipo de formación es más sencilla de recibir para los alumnos?

-Y por eso es tan importante el trabajo cooperativo entre el profesorado, para que compartan experiencias. Muchas veces con todo el buen interés el profesor intenta crear un determinado proyecto y si no tiene experiencia, no termina de incidir en el aprendizaje del alumnado, por lo que a veces es más fácil compartir proyectos con otros profesores y adaptarlos al grupo. Este trabajo cooperativo entre el profesorado, el ir generando expectativas sobre los alumnos, tiene una incidencia máxima en el aprendizaje. Además, está la comunicación no verbal entre alumno y profesor, que también es importante. Los bebés cuando nacen ya están programados para imitar los gestos de los padres, así que el aprendizaje de naturaleza social hay que tenerlo en cuenta en el aula, porque el cerebro es totalmente social.

 

Una escuela neuroeducativa es una escuela inclusiva

 

-¿Y qué papel debe jugar la educación emocional?

-Es muy importante en el aula, hay que dedicarle un tiempo semanal y considerarlo como una competencia básica y esencial. Pero tradicionalmente vivimos en este mundo jerarquizado de asignaturas y esto es un grave problema porque las investigaciones lo que nos están demostrando es que la educación física y la artística son tanto o más importantes para el desarrollo de esas funciones ejecutivas, que nos permiten planificar y tomar decisiones adecuadas. Trabajar estas funciones ejecutivas a través de la educación emocional es importante desde que son pequeños. Pero en el aula el programa educación emocional siempre parte de la formación previa del profesorado. Antes de llegar los niños a la escuela, están en casa, así que la familia juega también un papel importante. Por lo tanto, razón de más para hacer participar a toda la comunidad educativa en el proceso de aprendizaje. El gran objetivo es mejorar la educación para mejorar la sociedad.

 

-¿Hacia dónde tiene que avanzar la escuela del futuro?

-Tiene que abrirse a la cooperación a gran escala, los aprendizajes deben vincularse a situaciones reales, no pueden quedarse en lo abstracto.

 

-¿Qué alumnos crearía?

-Una escuela neuroeducativa es una escuela inclusiva. Cada cerebro es único y singular y cuando se analizan los escáneres cerebrales se descubre que lo del cerebro normal es un mito, porque el 90% de los escáneres revelan anormalidades del cerebro. Esto sugiere que debemos de atender la diversidad en el aula, para que puedan aprender juntos alumnos diferentes, con diferencias a todos los niveles.

 

FUENTE: LA OPINIÓN. B. Blanco García.