Jesús Guillén es Licenciado en Ciencias Físicas por la Universidad de Barcelona y autor del blog sobre Neuroeducación ‘Escuela con Cerebro’. Junto a Anna Forés es docente de la Diplomatura en Neuroeducación desarrollada junto al Instituto de Extensión de la Universidad Nacional de Villa María. En esta entrevista para Aula Abierta, habló sobre la centralidad de las emociones en el proceso de aprendizaje y sobre las condiciones para generar experiencias neuro educativas en las escuelas de hoy.

 

Existen paradigmas muy diversos a la hora de abordar los procesos de aprendizaje en el aula. Uno de ellos proviene de las neurociencias cognitivas. Desde este paradigma es posible revisar los modos de aprender y potenciarlos, implementando herramientas tan sencillas como el juego.

Ahora bien, ¿a qué nos referimos exactamente cuando hablamos de neuroeducación? Jesús Guillén explica que en principio significa “acercar la investigación sobre el funcionamiento del cerebro a la educación”. “Si nos planteáramos diseñar unos guantes sin haber visto nunca unos dedos´, sería complicado. Sin embargo, en educación, el cerebro ha sido el gran olvidado, pero es el órgano que mejor sabe del aprendizaje”, asegura.

La neuroeducación es entonces un enfoque transdisciplinar en el que confluyen distintas disciplinas, las neurociencias -debido al desarrollo de las tecnologías de visualización cerebral en los últimos años- pero también la psicología y la pedagogía. El objetivo de poner en práctica esta perspectiva es mejorar los procesos de aprendizaje, optimizándolos según lo que vamos sabiendo del funcionamiento del cerebro. “También nos gusta decir que el enfoque consiste en acercar la ciencia al aula, para que el profesorado o los educadores en general sepamos qué funciona, pero también por qué funciona”, explica Guillén.

 

¿Cómo impactan las emociones en los procesos de aprendizaje?

Desde la perspectiva neurocientífica se ha visto que cuando en el laboratorio se pide a los participantes que recuerden una información ante contextos emocionales diferentes sean positivos o negativos, se ha observado que ante contextos emocionales negativos se activa la amígdala, mientras que ante contextos positivos se activa el hipocampo, una región del cerebro que activa procesos de memoria y aprendizaje. Son importantes los climas emocionales positivos en el aula, pero también se ha visto que en cualquier etapa educativa en la que se implementan herramientas de educación emocional, se habilita el trabajo con los estudiantes sobre una serie de competencias emocionales imprescindibles en los tiempos actuales que permiten trabajar la empatía, la resiliencia, la auto regulación pero además se ha visto que esta mejora va acompañada de una mejora en el rendimiento académico del alumnado: no podemos separar lo cognitivo de lo emocional.

Sería una escuela con una educación desde, en y para la vida. Va más allá de los aprendizajes meramente académicos. Se está viendo que hay una serie de factores potentes que son las funciones ejecutivas del cerebro. Estas funciones ejecutivas nos permiten tomar decisiones adecuadas, realmente nos hacen humanos, y son importantes para el rendimiento académico y para el bienestar en general.

 

¿Qué lugar tiene “el otro” en estos procesos?

Muy importante porque el cerebro es social. Estamos programados para aprender a través de la indicación. Al bebé a poco tiempo de nacer, si le sacas la lengua él te saca la lengua. El hecho de que el cerebro sea social tiene muchas implicaciones educativas. Se ha visto que es una auténtica necesidad educativa el trabajo cooperativo, pero cooperar es más que trabajar en equipo, requiere empatía, requiere educación emocional. Nosotros los adultos, los profesores, la familia, somos muy importantes en fomentar esta cooperación. Por otra parte, también es importante la tutoría entre iguales, que sucede cuando un estudiante se convierte en profesor de otro. Esto tiene un impacto en el aprendizaje de ambos sujetos.

 

En este sentido ¿Qué son las neuronas espejo y cómo influyen en el aprendizaje?

Se trata de neuronas motoras que se activan tanto al realizar una acción, como al observar a otra persona realizar esa misma acción. Se cree que estas neuronas espejo son muy importantes para explicar la imitación, pero también podrían explicar los aspectos emocionales que nos vinculan.

 

¿Qué características tendría una escuela neuro educativa?

Sería una escuela con una educación desde, en y para la vida. Va más allá de los aprendizajes meramente académicos. Se está viendo que hay una serie de factores potentes que son las funciones ejecutivas del cerebro. Estas funciones ejecutivas nos permiten tomar decisiones adecuadas, realmente nos hacen humanos, y son importantes para el rendimiento académico y para el bienestar en general. Si yo no sé controlarme en mi vida cotidiana lo pasaré mal en un atasco de tráfico, pero también me costará estar centrado intentando resolver un problema de matemáticas o cuando surja un problema laboral o personal. Investigadores sugieren que el mejor modo de trabajar en estas funciones es ir más allá de lo cognitivo y atender las necesidades físicas, emocionales de los niños y adolescentes. Esto se puede conseguir a través de disciplinas consideradas como secundarias, como la educación física, artística.

 

Los estudiantes son ciudadanos activos. Cuando se ligan los contenidos con conocimientos reales, el estudiante lo interpreta de otra forma.

 

¿Cómo se manejan las situaciones de violencia en el aula, desde la neuroeducación?

Si pensamos en el bullying, la mejor forma de afrontarlo es a través de una buena educación emocional, pero en ella deben participar estudiantes, profesorado, equipo directivo, las familias a través de lazos cooperativos. Claro, la educación emocional requiere tiempo. Es importante trabajar sobre las competencias emocionales de autocontrol y regulación: se ha visto que cuando hay una buena educación emocional es más fácil afrontar estas situaciones. Es clave hacer participar a todos los compañeros, toda la comunidad. Por eso son tan potentes los proyectos de aprendizaje-servicio (APS). Donde circulan contenidos curriculares al servicio de la comunidad. Allí se trabajan competencias emocionales imprescindibles como la solidaridad, la cooperación. Hay un caso que me gusta muchísimo que es un centro educativo que identificó en el hospital de la zona que en el Banco de Sangre había un déficit tremendo, faltaban dadores de sangre. Crearon un proyecto en el que trabajaron biología y emprendedorismo con el objetivo de generar conciencia sobre la necesidad de donar sangre. Después de un año el incremento de donaciones se multiplicó.

 

¿Entonces la neuroeducación implica romper las fronteras del aula tradicional?

Claro, acercar la vida al aula. Los estudiantes son ciudadanos activos. Cuando se ligan los contenidos con conocimientos reales, el estudiante lo interpreta de otra forma. Va teniendo sentido lo que va haciendo. Se trata de activar proyectos cooperativos donde pueden participar estudiantes en distintas etapas.

 

¿El cerebro “normal” es uno de los neuromitos?

Esto es muy importante. Cada cerebro es único y singular. Cuando se analiza los distintos tipos de cerebros, casi el 90 por ciento presenta anormalidades. Es decir que lo del cerebro normal es un mito. Esto no se ha tenido en cuenta desde la educación. Hay que hacer el intento de contemplar la diversidad en el aula. Enseñando a todos los estudiantes de la misma forma, evaluándolos de la misma forma va a ser difícil atender la diversidad en el aula. Por lo tanto, habrá que buscar alternativas y una posible alternativa son estos proyectos de APS.

 

¿Cuáles son las competencias que tendrían que tener los docentes para ser neuro educadores?

Es complicado si trabajamos a nivel individual. Pero se está viendo que uno de los elementos que inciden más en el aprendizaje no es la cooperación entre estudiantes, sino entre el profesorado. Y eso cuesta, es lo primero que habría que intentar. Para que haya una verdadera cooperación tiene que haber una buena educación emocional y en el aula siempre parte de la educación del profesorado. La neuroeducación parte de la transformación de uno mismo. Si yo no puedo controlarme, difícilmente pueda enseñar a un estudiante lo que es el autocontrol. Es importante alejarnos de falsas interpretaciones, derribar los neuro mitos. Se trata, de algún modo, de volver al juego.

 

En ese plano, ¿qué herramientas se pueden adquirir a partir de la Diplomatura en Neuroeducación?

Nos centramos en un enfoque amplio, analizamos cuestiones de funcionamiento del cerebro, atención, emociones, uso de la memoria, cómo interviene el movimiento, el juego, el arte, la creatividad. Dentro de este enfoque holístico, los aspectos emocionales son súper importantes. Por eso se da en la Diplomatura una incidencia especial sobre estos aspectos. No hay razón, sin emoción. Creemos que después de todo este análisis global, obtendremos estrategias que pueden ser útiles en nuestras prácticas educativas, con la salvedad de que cada proceso es diferente y lo que pueda servir en una clase, a lo mejor no sirve en otra. Ese es uno de los grandes desafíos que nos tocan.

 

La próxima edición de la DIPLOMATURA EN NEUROEDUCACIÓN: NEUROCIENCIAS Y EMOCIONES EN EL APRENDIZAJE inicia el 21 de septiembre, las vacantes son limitadas y podés inscribirte completamente online ingresando en el siguiente enlace