“La emoción es el motor del aprendizaje. Solo podemos aprender aquello que nos emociona, lo que amamos y nos motiva. Y no hay herramienta didáctica más potente que los educadores”. Así de claro se mostró el docente, creador del blog “Escuela con cerebro” y experto en neurociencia barcelonés Jesús C. Guillén.

 

Por Elena Ocampo para Foro de Vigo

¿Influyen las emociones en el aprendizaje? 

“La emoción es el motor del aprendizaje. No hay aprendizaje sin emoción”, indicó, “las emociones son imprescindibles para aprender. Lo emocional y lo cognitivo forman un binomio prácticamente indisoluble”. Por eso “es muy importante comprender las bases neurobiológicas, para no cometer errores”.

El experto se valió también de una frase de Santiago Ramón y Cajal: “Es preciso sacudir enérgicamente el bosque de las neuronas cerebrales adormecidas; es menester hacerlas vibrar con la emoción de lo nuevo e infundirles nobles ye elevadas inquietudes”. Guillén enfatizó varias veces “el poder de las buenas historias”. Al final de la charla, aseguró que “los programas de educación emocional demuestran que además de las competencias emocionales también mejoran un 11% el rendimiento académico”. Del mismo modo, recordó que “el error forma parte del proceso de aprendizaje y nosotros a veces no lo aceptamos”.

¿Es posible mejorar la atención?

“La curiosidad, lo que es diferente y sobresale en el entorno, enciende la emoción. Y con ella, con la emoción, se abren las ventanas de la atención, foco necesario para la creación de conocimiento”, indicó en una cita de Francisco Mora. También usó el estudio del cerebro de una niña disléxica: “Podemos cambiar porque nuestro cerebro es tremendamente plástico y todos nuestros estudiantes pueden mejorar. También citó la ‘mentalidad de crecimiento´. “Los estudiantes más perseverantes que mostraban más constancia, resiliencia y creían que podían mejorar sus resultados con esfuerzo, lo hacían”, aseguró. Opuso la mentalidad de aquellas personas que creen que pueden mejorar sus capacidades; frente a la ‘mentalidad fija’ de los que piensan que estamos condicionados por la genética.  “hay que elogiar a los alumnos por el esfuerzo, no por la capacidad”. Es decir, no premiar a un alumno al lograr un éxito “por ser muy listo”, sino por habérselo peleado. También ensalzó el poder de los gestos, “más importantes de los que se creían” y, en esa línea, hizo reproducir un cuento a través de mímica y gestos a los asistentes, que interpretaron el clásico de la liebre y la tortuga que logró ganar la carrera.

 

¿Cómo podemos hacer un uso adecuado de la memoria?

“El cerebro es un órgano muy complejo y poco conocido”, reconoció. Para ejemplificar ese postulado y durante varios experimentos, Guillén mostró la imagen de aquel vestido que la mitad de la población ve de un color verde y la otra, blanco y dorado. Y otro caso práctico tan simple como enrollar un folio a modo de catalejo e ir tapando con la otra mano un ojo, hasta percibir que el papel “agujerea” la mano. Criticó un modelo memorístico de enseñanza, basado únicamente en la repetición para asimilar conceptos.

“El aprendizaje explícito requiere comparar, hacer analogías. No podemos aprenderlo todo a través de la repetición”, indicó. Y también que “no podemos focalizar la atención durante un tiempo muy prolongado, así qué importantes son los parones de 4 minutos”. “Hay programas que mejoran la atención ejecutiva. Parones de cuatro minutos para que los estudiantes mejoren durante las clases posteriores. A los niños de TDHA les va genial porque se recargan.

Si jugamos, ¿aprendemos?

Imagina que pudiéramos enseñarles matemáticas a los niños porque quisieran jugar”, indicó citando a Daphne Bavelier. Hubo varios ejemplos y propuestas a lo largo de la conferencia, en la que un grupo de personas llegó a subir al escenario para ponerle una escenografía improvisada a una canción de Bon Jovi. De paso, practicaron ejercicio y pararon cuatro minutos, otro de los consejos del experto. El experto se refirió a que hay estudios que muestran que hay jóvenes que también han mejorado la atención ejecutiva usando los videojuegos de acción”. “Queremos mejorar la educación desde las familias, escuelas y asociaciones. Y queremos compartir evidencias empíricas y aplicaciones prácticas en el aula, en el contexto de Neuroeducación, que es más que la neurociencia. Para saber qué es lo que funciona pero también por qué funciona”, resumió. Por eso recomendó veinte minutos de actividad aeróbica, “que son muy buenos también a nivel cognitivo: más vascularización cerebral para mejorar las neuronas. ¿Cómo fomentar la creatividad en el aula? “Trabajar actividades de pensamiento divergente. La vida no está dividida por asignaturas”, indicó.

 

¿Son importantes las artes en la Educación? 

El experto destacó la importancia de las artes plásticas para fomentar cualidades más flexibles, junto con la educación física. Ambas materias “secundarias”. Más tarde, Guillén criticó las famosas “etiquetas” que se ponen al alumnado y destacó la vital importancia del lenguaje que usamos desde pequeños: “Es determinante”, zanjó. 

“Cada cerebro es único, como el rostro, ¿lo tenemos en cuenta en el aula?”  

¿Es necesario apostar por un aprendizaje activo? ¿Cómo se puede optimizar una clase?

El experto recomendó hacer parones de cuatro minutos para practicar ejercicio físico. El ejercicio físico incide en la mejora de la atención educacional”. Aludió al poder de las buenas preguntas y de las prácticas espaciadas en el tiempo. , aprendizaje invertido. Guillén también usó un vídeo de un profesor de física en Harvard muy reputado, disgustado porque -a pesar de los buenos resultados de sus alumnos- se planteó si estaban aprendiendo física de verdad. Y decidió hacer un cambio en el sistema. “Sabían responder a los problemas teóricos, pero cuando se le s cambiaban los planteamientos, no aplicaban la física”. Así que cambió la metodología: Ellos preparaban en casa los contenidos y luego había una especie de “tutoría entre iguales”. “Una persona que ha adquirido el conocimiento de forma reciente, es capaz de explicarlo mejor”, indicó el experto.

 

¿Necesitamos cooperar?

“Es importante el conocimiento del profesorado sobre el estudiante. Y se habla mucho sobre la cooperación entre los estudiantes pero, ¿nosotros cooperamos?, se preguntó. “Cuando en nuestras clases nos centramos abiertamente en crear un estado positivo, empezamos a establecer en los cerebros de los alumnos unas asociaciones entre el aprendizaje y el placer que les va a durar toda la vida”, proyectó en una cita de Ian Gilbert. “Hay que trabajar la cooperación, es más que trabajar en equipo, es un componente empático”, aseguró.

 

Nota publicada por Elena Ocampo en el Foro de Vigo