El psicólogo y docente de Educación Emocional Lucas Malaisi asegura que esta estrategia educativa debe tener un espacio similar al de otras asignaturas en las escuelas.

 

“El desarrollo de habilidades emocio­nales contribuye a disminuir conductas sintomáticas como las adic­ciones, el abandono escolar, las depresiones y los suicidios, la promiscuidad, la violencia, el bullying o la baja tolerancia a la frus­tración. La idea es educar en las emociones antes de que enfermemos”. Así explica Lucas Malaisi el poder de la educación emocional en los tiempos que corren.

 

¿Qué es la educación emocional?

 

–Es una estrategia educativa de pro­moción de la salud que tiene por objetivo mejorar la calidad de vi­da de las personas a partir del de­sarrollo de habilidades emocionales. La idea es crear un espacio en las escuelas para que alumnos, padres y docentes puedan aprender a reconocer, expresar y gestionar sanamente sus emociones. Así como tienen Lengua, Matemática o Geografía, la idea es destinar un tiempo para abordar la educación emocional en las aulas.

 

¿Se puede enseñar y aprender a desarrollar la inteligencia emocional?

 

–Se pueden crear las condiciones para que los alumnos puedan desarrollar la inteligencia emocional. Al no ser contenidos teóricos, sino actitudinales, no hablamos de enseñar, sino de desarrollar. Pero lo importante es que las cartas no están echadas, siempre podemos incrementar nuestro coeficiente emocional. Además, siempre lo cognitivo está supeditado a lo afectivo, ya que una persona que se encuentra bajo emociones displacenteras como enojo, tristeza profunda, miedo, angustia, ansiedad y demás, no aprende. A estos estados intensos se los llama ‘secuestro emocional’. Es cuando las capacidades de la persona quedan embargadas por la emoción. Afecta a toda disciplina: deporte, estudio, trabajo, creatividad, como también a la salud y la calidad de vida.

 

¿Cómo impactan las emociones y las habilidades sociales en el desempeño?

 

–Las emociones tienen el poder de aumentar nuestra performance y salud, o disminuirlas: podemos sentirnos motivados y sacar fuerzas insospechadas a pesar del cansancio físico, como también podemos quedar devastados por el consumo de energía que significa estar bajo los efectos de emociones displacenteras.

 

Los críticos de la inteligencia emocional aseguran que la escuela y los docentes sólo están preparados para enseñar contenidos y estimular capacidades cognitivas. ¿Qué opina?

 

–Sí, la escuela no cambió casi nada en el último siglo, y siempre se exigió que el docente transmita contenidos, de modo que se lo preparó sólo para ello. Pero en nuestros días asistimos a cambios sociales que demandan un cambio en las dinámicas educativas. Por ello, tenemos que empezar a preparar a los docentes con habilidades y conocimientos que no tienen precedentes en la educación tradicional. Yo creo que la educación del siglo 21 va a estar signada por el desarrollo de las habilidades socioemocionales. En mi experiencia, los docentes son muy receptivos a estas nuevas prácticas educativas. La resistencia no viene de parte de ellos, sino que se trata de que las autoridades sean permeables a lo que está pasando en la sociedad y a implementar nuevas soluciones inteligentes.

 

Con un trabajo cotidiano y bien planificado en las escuelas, vamos a tener generaciones de personas que se conozcan a sí mismas, que sepan motivarse, tolerar frustraciones y algo muy importante: sabrán cuál es su vocación, que aman hacer en la vida.

El manejo de las emociones seguramente contribuye a la mejora de las relaciones, a evitar la violencia o el bullying . ¿Cómo se llega a esa instancia?

–Efectivamente, el desarrollo de habilidades emocionales contribuye a disminuir muchas conductas sintomáticas, como las adicciones, el abandono escolar, las depresiones y los suicidios, la promiscuidad, la violencia, el bullying o la baja tolerancia a la frustración, por mencionar algunas. La idea es educar en las emociones antes de que enfermemos. Digo: ¿es necesario esperar a que un joven consuma drogas o intente terminar con su vida para recién ahí enseñarle a que reconozca y exprese asertivamente sus emociones? Ya sabemos que va a tener momentos difíciles en su vida, de modo que “equiparlo” con recursos emocionales es evitar a futuro muchos problemas. Con un trabajo cotidiano y bien planificado en las escuelas, vamos a tener generaciones de personas que se conozcan a sí mismas, que sepan motivarse, tolerar frustraciones y algo muy importante: sabrán cuál es su vocación, que aman hacer en la vida.

 

¿De qué manera se puede ayudar a los docentes a mantenerse saludables?

–Uno de los ejes de la educación emocional es acompañar al docente en el desarrollo de su inteligencia emocional. Es que nadie puede dar lo que no tiene, de modo que el primer paso es realizar talleres y grupos de reflexión para cuidarlos y enseñarles a fortalecer su sistema “inmunológico emocional”, afianzándolos en una actitud proactiva, dejando la queja de lado.

 

¿Los institutos de formación docente trabajan la gestión de emociones?

–En general, no. Muchos lo hacen sólo de soslayo. Sin embargo, al­gu­nos ya están invirtiendo esfuerzos y tiempo en lo emocional. Es­toy seguro de que en un futuro to­dos los magisterios, los profesorados y las universidades atenderán el aspecto emocional de sus alumnos y sus docentes.

 

FUENTE: Mariana Otero para La Voz del Interior