La especialista en Neurodidáctica Anna Forés nos acompaña en la nueva edición de la Diplomatura en Neuroeducación. En la siguiente entrevista para el espacio de innovación educativa ENIAC, la docente nos invita a reflexionar sobre los neuromitos superados por los recientes hallazgos en neurología, y a desmontar falsas creencias sobre cómo actúa el cerebro en el proceso de aprendizaje.

Anna Forés propone una actividad para interrelacionar ambos hemisferios cerebrales en el alumno. Para potenciar el hemisferio izquierdo, podemos plantearnos una actitud abierta y positiva a través de la cual fomentemos, de forma continua, la autoestima, la esperanza y la autoconfianza de los alumnos. Debemos ser muy cuidadosos con nuestro lenguaje dando la vuelta a expresiones limitativas como “¡no podremos!” o “¡esto es muy difícil”.

En esta línea, e integrando al hemisferio derecho, es interesante proponer actividades que promuevan la imaginación como herramienta para mejorar el aprendizaje y la consecución de objetivos. Se pueden desarrollar pequeños ejercicios de imaginación en clase en los que, durante unos minutos, los alumnos se imaginen a sí mismos alcanzando los objetivos y sintiendo la satisfacción de asimilar y memorizar con agilidad los contenidos, todo esto con autoestima, confianza y seguridad en sus capacidades personales.

¿Cómo está influyendo en los últimos años la neurociencia en la Educación?

Lo que intentamos es aportar los últimos estudios científicos de la neurociencia y ver si se pueden hacer pequeños cambios para mejorar el trabajo en el aula. Hasta hace relativamente muy poco, un cerebro no se podía examinar en vivo. El gran avance en la neurociencia se ha producido cuando la tecnología ha permitido saber y poder demostrar qué está sucediendo en el cerebro.

Cuando entra la imaginación, la creatividad y la fantasía, se demuestra que aumenta el porcentaje de cerebro que usamos.

¿Me puede poner algún ejemplo de lo que ha descubierto la tecnología en el cerebro?

– Por ejemplo, una creencia que todo el mundo tiene bastante asumida es que solo utilizamos el 10% de nuestro cerebro. Si hacemos una resonancia mientras un individuo realiza en su mente una operación sencilla, seguro que ese cerebro se va a iluminar poquito, pero si tenemos que hacer una operación más compleja, observaremos que se va a iluminar una parte mayor de nuestro cerebro. Esto se puede comprobar, por ejemplo, si estamos leyendo un libro de Harry Potter, ya que seguro que se va a iluminar una gran parte de nuestro cerebro, porque cuando entra la imaginación, la creatividad y la fantasía, se demuestra que aumenta el porcentaje de cerebro que usamos.

¿Hasta dónde puede llegar el cerebro?

-Hasta donde queramos o hasta lo que necesitemos. Lo que hace el cerebro es no gastar energía en todo aquello que ya conocemos. El cerebro economiza, pero si le pides cosas más sofisticadas, el cerebro cumple órdenes.

¿Por qué se llegó a esa conclusión de que solo se utilizaba el 10% del cerebro?

-Porque eran las conclusiones a las que llegaba la ciencia hace unos años. La ciencia va avanzando, e incluso puede ser que mañana salga un estudio que desdiga todo lo que sabemos hasta ahora. A día de hoy se sabe que utilizamos el tanto por ciento que necesitemos para la operación que le estemos pidiendo.

Cuanto más estimulante sea aquello que pidamos a los alumnos, más se van a interrelacionar los dos hemisferios, y mejor aprendizaje se va a producir.

También se ha desmontado que cada hemisferio del cerebro actúa de forma independiente.

-Lo que se ha demostrado es que una cosa es el canal por donde entra la información, y otra es el funcionamiento por el que esa información entra en juego. Esto es muy importante para el profesor, ya que cuanto más estimulante sea aquello que pidamos a los alumnos, más se van a interrelacionar los dos hemisferios, y mejor aprendizaje se va a producir. Por ejemplo, podemos estar haciendo un tipo de actividad más lógica o más creativa, y en ese caso el canal por donde entra la información sería el lado izquierdo o derecho respectivamente. Pero lo que se observa ahora es que también se utiliza el otro lado del cerebro en cada una de las actividades. Con lo cual, un hemisferio no es un compartimento estanco, sino que ambos hemisferios están muy relacionados entre sí. Un buen aprendizaje debería utilizar a la vez los dos hemisferios a través de una enseñanza más estimulante y en la que se utilicen más recursos. Por otro lado, lo que sí demuestran los últimos estudios en neurogénesis es la gran plasticidad que tiene el cerebro humano. Esa plasticidad hace que aquellas personas que no tienen predisposición para ciertas habilidades, se pueda trabajar con ellas para mejorar en el otro sentido. Con todo, hay que tener cuidado con las creencias y con el efecto Pigmalión, ya que muchas veces si se espera algo de un niño, al final es lo que se consigue.

¿Esa plasticidad tiene que ver con las inteligencias múltiples?

-Es bueno trabajar con lo que el estudiante se siente más reforzado. Si una persona es más experta en música, hay que utilizar ese potencial para desde ahí trabajar las demás áreas. La neurociencia nos dice que esas ocho inteligencias no son cerradas, sino que están muy relacionadas. Cuanto más rica sea la interacción entre esos segmentos, mejor será el aprendizaje. Por eso es bueno tener en cuenta las fortalezas, pero ir trabajando a la vez las diferentes habilidades interdisciplinarmente.

Los alumnos son los corresponsables del aprendizaje, fomentar su espíritu de aprendizaje equivale a permitir que digan lo que ellos quieren aprender.

¿Qué debe tener en cuenta el docente con respecto a la neurociencia de cara a mejorar el aprendizaje de sus alumnos?

-El docente tiene que concienciarse de que los alumnos son los corresponsables del aprendizaje, y tiene que permitir que digan lo que ellos quieren aprender, que se hagan ellos mismos las preguntas, así se fomenta su espíritu de aprendizaje. Si tú despiertas la curiosidad y la imaginación del alumno, se va a utilizar más parte del cerebro y ese aprendizaje se va a consolidar mucho mejor.

Anna Forés Miravalles es Presidenta de la asociación de investigación para la resiliencia (AIRE). Ha sido delegada del rector para las relaciones Universidad-Sociedad de la Facultad de Educación. Fue vicedecana de doctorado de la Facultad de Pedagogía de la UB. Actualmente, es profesora del Departamento de Didáctica y Organización Educativa de la Universidad de Barcelona. Es miembro del grupo de investigación consolidado GR-EMA (entornos y materiales para el aprendizaje) del ICE de la UB, y de INDAGA’T Grupo de Innovación Docente para favorecer la Indagación. Apasionada por la educación y con la firme creencia del potencial de las personas, sus áreas de trabajo e investigación son: la educación, la didáctica y la innovación en diferentes entornos de aprendizaje.

FUENTE: ENIAC.