Las emociones importan.

Un estudio mundial reveló que los jóvenes argentinos se encuentran entre los niveles más bajos de bienestar emocional. Ante esta información alarmante, la educación emocional se vuelve una necesidad urgente.

¿Te preguntaste alguna vez qué son y para qué sirven las emociones?

 

Si bien las definiciones específicas son una tarea compleja dada su variedad, en primer lugar podemos decir que Emoción proviene de la palabra latina “emovere” que significa “movimiento hacia”, implicando una acción. Otra definición posible es la de un estado afectivo que experimentamos, una reacción propia de cada ser humano al ambiente, que se acompaña de cambios orgánicos (fisiológicos y endócrinos) de manera innata y envueltas en la experiencia de cada ser.

La finalidad de las emociones es adaptativa ya que nos alertan sobre momentos relevantes, y sirven para resolver situaciones de la vida. Algunas emociones aunque puedan incomodarnos, no implican un sufrimiento grave; por ejemplo nos ayudan, mantienen alerta y centrados en una situación determinada. Pero cuando la emoción es excesiva, inapropiada o nos sobrepasa, se vuelve muy perjudicial ya que dificultará todo nuestro funcionamiento.

 

El bienestar emocional de los jóvenes.

 

Recientemente, un estudio mundial reveló que los jóvenes argentinos se encuentran entre los niveles más bajos de bienestar emocional.  Los resultados que se desprenden, analizados en la siguiente nota de la periodista Luciana Vázquez para la Nación, describe datos estadísticos alarmantes.

Según el estudio, más del 80% de los jóvenes piensan demasiado en problemas y se sienten ansiosos, acosados, poco amados o solos. Otra información preocupante se desprende de la autopercepción considerada a partir del bienestar físico (con factores como dormir y ejercitarse, dedicar tiempo suficiente a descansar y reflexionar).  En esta pregunta, sólo el 16 % de los adolescentes y jóvenes de Argentina dice gozar de bienestar físico, y en el promedio mundial el 17%.

Sería importante profundizar en los factores que desencadenan esta autopercepción, por ejemplo el impacto de la constante exposición a estereotipos de género, clase y consumo a los que sometemos a niños, niñas y jóvenes de manera permanente (social y multimediáticamente) y siendo estas imágenes cada vez más irreales. Pero sobre todo dar real protagonismo a las emociones en todos los aspectos de la vida, y centralmente a partir de una estrategia educativa que considere la salud e inteligencia social y emocional.

 

Una nueva estrategia educativa que considere las emociones

 

La educación en el siglo XX se centro en el desarrollo cognoscitivo, ocupando el lugar principal la adquisición de conocimientos. Pero en la “sociedad del conocimiento”, con todos los avances tecnológicos que permiten acceder a la información desde múltiples espacios y formas, otra estrategia educativa resulta urgente. En función de esta necesidad, los aportes de las Neurociencias en el campo de la educación han sido iluminadores. No solo demuestran cómo el aprendizaje sucede (con movimiento, repetición, sorpresa, a partir de la propia experiencia, entre muchas otros estímulos) sino que también revelan lo fundamental del ambiente y las emociones que este transitando cada estudiante. También la educación emocional es beneficiosa para todos los espacios de enseñanza- aprendizaje, ya que propone una mirada holística (de unidad cuerpo y mente), y comprensiva de la unicidad de cada niñx en concordancia con la neuroeducación o neurodidáctica.

“Sólo respira” documental inspirado en una conversación que escucharon los autores Julie Bayer Salzman y Josh Salzman de su hijo de 5 años y su amigo, al que le contaba cómo sus emociones afectaban partes de su cerebro y cómo calmarse a través de la respiración.

 

¿Qué es la Educación emocional?

 

Lucas Malaisi, presidente de la Fundación Educación Emocional y docente de la Diplomatura en Neurociencias y emociones, la define como “una estrategia educativa de promoción de la salud que tiene por objetivo mejorar la calidad de vida de las personas a partir del desarrollo de habilidades emocionales”. Es también un proceso, porque implica un tiempo (toda la vida) y por otro lado, cambios progresivos para adquirir dichas habilidades.

Las habilidades emocionales pueden entenderse como los cinco ejes que constituyen la Inteligencia Emocional (autoconocimiento, autorregulación, empatía, motivación y habilidades sociales). En cuanto al acompañamiento, es la función del docente, padre, madre, abuelo, etc., que comparte un tiempo con la persona mientras enseña y reafirma los comportamientos adecuados.

La Fundación Educación Emocional promueve la Ley Nacional de Educación Emocional. Aquí podes leer más acerca del proyecto y acompañar la propuesta 

 

¿Qué logramos con la educación emocional?

 

Logramos Conciencia emocional: la capacidad para identificar los propios estados internos, preferencias, recursos e intuiciones. También, la Regulación emocional: el control de los estados, impulsos y recursos internos. En tercer lugar, la Auto motivación, que es la capacidad de encontrar fuentes que guíen y faciliten objetivos personales. Además, fundamental en el ámbito educativo y en la prevención del Bullying y Ciberbullying, la educación emocional permite la Empatía; que podemos definirla como la capacidad para reconocer los sentimientos y los puntos de vista de otras personas, e interesarse sinceramente por las cosas que puedan preocuparlxs. Finamente, la Gestión de relaciones, el desarrollo de habilidades como la escucha activa, el manejo de conflictos, la asertividad, la creación de vínculos de colaboración y cooperación, y habilidades de comunicación emocional.

Sigamos accionando, pensando y repensando la educación! para comenzar a aplicar en cada oportunidad alternativas que contribuyan a una infancia feliz.